Otro triste ejemplo de ignorancia y de lo absurdo

Después de haber escrito este artículo nos comenta un seguidor que la cosa va mucho más allá de un ignorante anónimo. Resulta que tanto las pintadas como los demás dibujos fueron para un acto denominado “Festival Desencaminharte” con conocimiento por la misma cámara municipal de Valença do Minho. Aquí las fotos: https://goo.gl/4bM3Jt

 

El monasterio de San Fins de Friestas se encuentra en Valença, muy cerca la frontera de Galicia y Portugal. Su historia es amplia y dilatada y su origen se pierde en los tiempos de tal forma que quizás mil años sean pocos. Su iglesia románica y la huella de los canteros gallegos nos demuestra su antigüedad y sus antiguas dependencias nos enseñan los diversas etapas constructivas a lo largo de su historia. Como muchos otros monasterios en Galicia y en Portugal, los dos últimos siglos casi provocan la desaparición del cenobio. La ruina y el abandono se apoderaron de sus piedras. Su iglesia se conservó como pudo y por suerte desde hace pocos años se protegió y ahora está siendo objeto de obras de restauración, consolidación y puesta en valor.

Pero por lo visto hay gente que no tiene ni idea de lo que significan estas piedras y su historia parece que tampoco les sorprende y desde hace un tiempo alguien dejó la huella de la ignorancia.

En nuestra última visita al monasterio quedamos horrorizados ante semejante barbarie. Muchas de las dependencias monacales fueron brutalmente agredidas con grandes y esperpénticas pinturas cuya interpretación y significado ni siquiera nos interesa. Es la representación de la ignorancia.

Además de estos agresivos dibujos veremos que el recinto está repleto de señales abstractas colgadas por doquier por las ventanas y paredes de los antiguos muros centenarios. Vale, es verdad, los carteles se pueden quitar, menos mal. No sabemos si guardan relación las pintadas con los carteles, pero lo más extraño de esta situación es que para la instalación de los carteles y las pintadas fue necesaria la utilización de una buena escalera y de un “buen” tiempo, es decir, que se lo tomaron con calma.

 

Además de esto también están pintadas diversas rocas de los alrededores provocando un paisaje absurdo y sin sentido, nada consonante con las viejas piedras del cenobio.

Quizás el autor de esto confundiera el milenario monasterio con un asentamiento tribal.

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