Construcciones tradicionales del pasado que marcaron el futuro de Galicia (I)

Hoy os queremos hablar de un arte y arquitectura muy poco valorada y a veces incluso menospreciada pero que sin embargo trazó las bases para el sustento y la economía de carácter local en siglos pasados convirtiéndose en imprescindible para muchos. Os traemos una pequeña lista de construcciones que fueron creadas por pequeños artesanos, vecinos y particulares con escasos recursos. Lejos de grandes presupuestos y arquitectos y con tan solo la voluntad y esfuerzo de muchos se lograron crear auténticos conjuntos artesanales que fueron el centro de vida para villas y comarcas enteras. Muchos de estos se construyeron durante los siglos XVIII y XIX pero algunos sobrevivieron hasta épocas de posguerra, ya en el siglo XX.


  • MOLINOS Y BATANES

Comenzamos con los molinos cuya función inicial era moler el centeno antes de la llegada del revolucionario maíz que supuso un aumento de la población en Galicia y un acercamiento a una monótona alimentación para muchas personas sin recursos. Este monopolizó el uso de los molinos e hizo crecer desmesuradamente la construcción de estos gracias a la abundancia de energía sobre todo de nuestros ríos. Los molinos podían ser de “maquía” o de “herdeiros” dejando a un lado los pertenecientes a monasterios y grandes casas señoriales. Los primeros solían ser grandes obras privadas amortizadas por una sola familia que aprovechaban buenos cauces de agua con el fin de moler todo el año. Para ello empleaban normalmente un mecanismo llamado “de dorna”.  Para que fuera rentable se dotaban de varias “moas” y sobre el río se construía una “ceña” (Presa). Hacía falta ingenieros que a veces venían de fuera y mucha mano de obra y por eso era muy costoso hacerlos.

Su buena ingeniería y mantenimiento hacía que el grano fuera molido finamente y que fueran muchos los que se acercaban desde los más diverosos lugares a la molienda. A cambio, los agricultores, debían dejar una parte de su cosecha que era lo que se denominaba “maquía”.  Los de “herdeiros” eran construidos por varias familias o la unión de vecinos de una misma aldea con escasos recursos. Solían ser pequeños, de canal y aprovechar el agua de pequeños regatos. Por eso en determinadas épocas del año, la cantidad de agua era insuficiente y tenían que recurrir a los de “maquía”. Pasaban de padres a hijos y como solían ser de varios en su origen podían llegar a tener hasta más de setenta herederos. Por eso se hacían turnos y muchas veces tocaba moler incluso de noche. Alrededor de los molinos se creó una inmensa cultura tanto material como inmaterial pues estos eran centro de las más diversas actividades. Podríamos decir que venían a ser algo así como los “centros culturales actuales.”

Cuando el agua no era un recurso al alcance o era escasa se recurría a otra fuente de energía, el viento y así aún podremos ver diversos ejemplos de molinos de viento distribuidos por la costa e incluso en el interior.

Los molinos no solo molían y sus mecanismos modificados servían para una multitud de industrias. Se construyeron numerosos aserraderos hidráulicos ya que la demanda de la madera era de gran importancia y su uso muy extendido; vigas, barcos, muebles, leña, carros, cajas, casas… e incluso carbón. Se puede decir que la madera era el petróleo de hoy. Su excesivo uso estuvo a punto de acabar con los recursos naturales madereros de Galicia. Luego llegó algún coletazo de la revolución industrial que dejó valles y bosques completos totalmente desforestados.

También existían batanes o mazos cuya función era dejar en condiciones de máxima calidad los tejidos en dónde el apreciado lino era el protagonista. En el siglo XVIII tuvo una gran importancia y una gran producción en Galicia pero fueron varias las causas que truncaron la experiencia del lino. Llegó Napoleón con sus muchachos y los ingleses, que aunque aparentemente amigos, no querían que nadie rivalizara con ellos en actividades industriales. Como hoy pasa con los productos de importación, el lino no tuvo más remedio que ceder paso al algodón que era mucho más barato y mucho más abundante en oriente.  Además la competencia desleal de “nuestra corona” a favor de otras regiones hizo que el lino dejara de ser un producto económicamente rentable. Así los batanes quedaron reducidos a una economía local. Un ejemplo de batanes los tenemos en Vimianzo y son los Batáns do Mosquetín.

Existen impresionantes conjuntos de molinos repartidos por Galicia. Algunos de ellos los podréis ver en el siguiente enlace:

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  • PUENTES, PASOS Y PONTELLAS

Otro elemento de vital importancia era la construcción de pasos y puentes para vadear los miles de ríos que había y que por suerte aún conservamos hoy. Eran muchos los caminos que atravesaban Galicia para poder transportar las mercancías desde el interior hasta las grandes ciudades burguesas en dónde el clero y la burguesía ofrecían una fuerte demanda. Además la economía local precisaba de dichos pasos para acceder a sus molinos, zonas de pastoreo, cultivos  y centros religiosos parroquiales.

Piedras apostadas en línea sobre los ríos (poldras) cuya antigüedad se pierde en los tiempos, simples “pontellas” construidas por los vecinos en los regatos más recónditos, puentes de arco en dónde ya se precisaba la ayuda de ingenieros, mano de obra y sobre todo dinero que eran financiados por estas rutas que llegaban hasta las ciudades costeras, grandes puentes de varios arcos que cruzaban grandes ríos de importantes arterias de comunicación… todos ellos conforman y provocaron que Galicia estuviera “comunicada”. Además de los puentes no podemos olvidarnos de todos aquellos pasos en los que era necesario atravesar los ríos con barcas y que también eran de vital importancia.

Para más puentes tan solo tendréis que seguir este link.

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  • PESCOS Y PESQUEIRAS

El río Miño fue desde hace miles de años un gran recurso económico e industrial para los vecinos de ambas orillas. Su preciado alimento hacía que fueran muchos los vecinos dedicados al arte de la pesca. Para ello se construyeron cientos de construcciones llamadas “pescos” y “pesqueiras” cuyo origen se pierde antes del dominio del imperio romano. Hoy en día la gran cantidad de embalses que lo jalonan han provocado que muchas de estas construcciones se oculten entre las aguas. Sin embargo aún podremos ver unas cuantas y una gran zona para ello es la parte fluvial de Salvaterra de Miño, As Neves y Arbo. Allí podremos encontrar varias rutas cuyo fin es acercarse al mundo de las “pesqueiras” y la pesca de diversas especies entres la que sobresale la preciada lamprea.

Además del Miño también sus afluentes y los grandes ríos gallegos de la cuenca atlántica contaban con sus pesqueiras y su riqueza natural era aprovechada al máximo. Cuentan que en siglos pasados en el Ulla las posadas un día te servían salmón y al siguiente también… Ya sabéis, llegó la contaminación que redujo la capacidad reproductora  y por fin los embalses que provocaron una gran limitación a la hora de perpetuar las especies… y así se acabó la enorme riqueza pesquera gallega.

 


  • HÓRREOS

Los hórreos fueron y son un elemento integrado en el paisaje gallego. Su distribución fue tan grande que llegó a haber más de 30.000 hórreos en tierras gallegas. Su uso no era otro que salvaguardar de alimañas y humedades las cosechas tan importantes para la supervivencia. A parte de las nobles y grandiosas construcciones de algunos hórreos en particular que solían pertenecer a nobles, monasterios o iglesias, la mayoría eran modestos y pertenecían a particulares. Muchas veces los situaban todos juntos en áreas bien ventiladas creando fantásticos conjuntos de hórreos.

Para ver más hórreos

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  • CAPILLAS Y ERMITAS

También la fe y las creencias hicieron toda clase de proyectos populares. Aparte de  las grandes iglesias catedralicias o parroquiales fueron muchos los creyentes que decidieron construir centros de rezo alrededor de supuestos lugares mágicos y milagrosos. Por ello se construyeron capillas y ermitas en los lugares más emblemáticos de todas las comarcas de Galicia. Siempre eran financiadas y construidas con las propias manos de los vecinos o de eremitas y monjes dependientes de grandes monasterios.

Para ver más ermitas

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  • SOCALCOS Y BODEGAS

El cultivo de la vid fue introducido hace cientos de años. El clima de Galicia y sus microclimas de valles y rías hicieron que su fruto convertido en vino fuera un producto de excelente calidad muy demandado durante siglos en el interior de la península e incluso en el exterior. Alrededor del cultivo de la vid y de la producción del vino se construyeron numerosas instalaciones destinadas para tal fin.

Bodegas tradicionales

Los “socalcos” (terrazas para el cultivo) son uno de los grandes transformadores del paisaje de muchos valles fluviales. Además de estos el vino y utensilios necesitaban ser almacenados y para ello se construyeron cientos de pequeñas bodegas. Algunas veces se concentraban en un punto, como en el caso de A Pobra do Brollón, concretamente en Vilachá, en donde tenemos un fantástico ejemplo de ello. Aunque pensamos que la calidad de nuestro vino es una cosa actual la verdad es que ya en el siglo XVII y XVIII eran apreciados en el extranjero y de la comarca del Ribeiro se exportaba incluso para la corona de Inglaterra.

Socalcos
Lagar para vino

 


  • CHOZOS

En la alta montaña gallega se hacía muy dura la vida pero era necesario pasar grandes temporadas en ella para hacerse cargo de la alimentación y cuidado del ganado. Los pastores se buscaban la vida y por eso se construían pequeñas viviendas provistas de lo indispensable para pasar largas temporadas en ellas. En el Suido tenemos construcciones que podrían ser de origen medieval como así parecen demostrarnos sus arcos de medio punto con lo que demuestra la vital importancia de mantener el ganado como sustento y otros usos.

 


  • ALVARIZAS Y LAGARES DE CERA

Los monjes de diversas órdenes religiosas introdujeron en Galicia en los siglos anteriores las más variadas ténicas de cultivo, ganadería e incluso apicultura. Alrededor de la miel creció un gran negocio que se nutría de las bondades de la naturaleza gallega. Se construian colmenas artificiales y junto con varias más se colocaban en los lugares adecuados para un óptimo rendimiento. No solo nos endulzaba la vida sino que la cera proveniente de la miel era utilizada para la creación de exvotos y velas para llenar de luz los centros católicos. Se creó el oficio de los “cereiros” y ellos daban forma y textura a esa miel. Para su oficio era necesario el uso de lagares especiales de los que aún podremos ver alguna muestra en Galicia. La rica y dulce miel de las colmenas tenía un goloso enemigo y no era otro que el oso que se extendía por grandes áreas de la geografía gallega. Para la protección de estas se levantaron muros alrededor de las colmenas que recibieron el nombre de alvarizas. En los Montes do Testeiro, Candán, Cando, Ribeira Sacra, O Courel, Os Ancares y otros muchos más aún conservamos construcciones de este tipo.

Lagares de cera
  • Continuará…

En próximas entradas seguiremos repasando este tipo de construcciones que son parte de nuestra historia y que sin ellas sería la vida más dura de lo que ya era de por sí.

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