Un acercamiento a los molinos hidráulicos de Galicia

Un acercamiento a los molinos hidráulicos de Galicia

25 abril, 2018 Desactivado Por Galicia Máxica

Hablar de molinos harineros es hablar de una de las construcciones populares más emblemáticas de Galicia ya que su uso fue clave para el desarrollo y desenvolvimiento de la economía de subsistencia en el rural desde hace muchos siglos. Además de moler cereales, los molinos desenvolvieron una cultura popular alrededor de ellos enriqueciendo nuestro folklore enormemente. Eran lugares de reunión de interminables jornadas y esperas, lugares de cobijo y refugio, lugares de duro trabajo, escondite para amores secretos… No en vano el molino era considerado una pieza clave y por ello respetado por todos los miembros de una comunidad. El molino se emplea desde hace siglos, tanto que su origen se pierde en la historia de la humanidad y el uso de las herramientas. En Galicia tenemos las primeras manifestaciones en el neolítico en forma de molinos naviculares fijos y portátiles, para después llegar el molino circular de dos piezas que también era movido a mano. Este último fue el germen de los molinos harineros de agua, pues su funcionamiento era el mismo y solo cambiaría la energía y la maquinaria que lo movía.

En Galicia pronto entendimos que el agua era una energía eficiente y sobre todo abundante todo el año y por ello decidimos aplicarla a los molinos y a la molienda y más cuando se trajo del “Nuevo Mundo” el gran artífice de la revolución demográfica del siglo XVIII en Galicia: el maíz, un cultivo que en esta tierra se daba de maravilla y su crecimiento rápido y escaso mantenimiento y de gran productividad que incluso permitía en algunas zonas realizar hasta dos cosechas al año. El maíz permitió superar épocas de hambre, soportar enfermedades y episodios bélicos como la misma guerra civil española. Fueron varias las energías empleadas para la molienda, tal como el viento o la fuerza de las mareas, pero hoy nos vamos a centrar en los molinos de río.

Construir un molino no era sencillo, pues no estaba al alcance de todo el mundo. Se necesitaba alguien con experiencia en mecanismos, carpinteros, canteros y por supuesto mano de obra, por lo que su construcción no era tan económica. Eran los monasterios, castillos, pazos y grandes familias los primeros que contaron con buenos molinos, ya que el dinero no era un impedimento para estos. Se pueden considerar los molinos privados y normalmente solían ser grandes construcciones de buena cantería.

Este molino de mareas en Cambados pertenecía al cercano pazo de Fefiñáns.

TIPOS DE MOLINO

Por otro lado estaban los denominados “muíños de herdeiros” que eran construidos y costeados conjuntamente por miembros de una comunidad o parroquia y pertenecían a varias familias. Un mismo molino podía ser usado y debía ser mantenido por varias familias y sus descendientes heredaban el derecho al uso y a veces se contaban por decenas los herederos tras varias generaciones y es por ello que el uso de algunos molinos era continuo e incluso por la noche.

Otros eran los llamados de “maquía“, cuya construcción se debía a la financiación de una familia o un particular poderoso económicamente y normalmente era trabajados por ellos mismos a cambio de una parte de la molienda o lo que llamaban una “maquía”.

MUÍÑOS DE HERDEIROS

Los de “herdeiros” solían ser construcciones pequeñas, normalmente de un solo “rodicio” y se ubicaban en las riberas de pequeños ríos. En cuanto a su tipología la mayoría eran de los siguientes tipos:

Se  podían diferenciar en la forma de tomar el agua y en la forma de su mecanismo los cuales presentaban ligeras diferencias. En cuanto a la captación del agua el más popular era el “muíño de canle“, los cuales recogían el agua por un estrecho canal para luego caer en plano inclinado hacia el “inferno“, en donde estaba el “rodicio” que era movido por la fuerza de la caída del agua.

Por otro lado estaban los denominados de “cubo“, los cuales tenían un gran depósito vertical circular o cuadrangular. Estos llenaban el “cubo” y por presión del peso del agua salía un buen chorro hacia el “rodicio”. Solían situarse en ríos de escaso caudal pues aprovechaban eficientemente el agua de estos, aunque en épocas de poca agua tenía la desventaja de no poder moler continuamente.

Había una mezcla de cubo y de canle y otros denominados de “balsa” que contaban con un recipiente abierto antes de la caída del agua.

En muchos de estos casos el río era embalsado por medio de una “ceña” para desviar el agua para los canales que suministraban a los molinos y muchas veces estos se organizaban en línea en ese canal para aprovechar al máximo el caudal y no desperdiciar ni gota de agua.

Muíños do Folón

Otro tipo más escaso es el de “tinalla” cuya variación estaba en el rodicio que eran dos palas dentro de un pequeño cubo. Estos son abundantes en el norte de Portugal y existe algún caso en Salvaterra de Miño.

Tipo “Tinalla” en Pinheiros, Portugal

MUÍÑOS DE DORNA

Los muíños de dorna solían ser grandes, de buena cantería y de más de un rodicio y solían aprovechar el cauce de grandes ríos con el fin de aprovechar el agua todo el año y por ello variaba un poco el mecanismo. Se necesitaba un buen ingeniero y mucha mano de obra, por lo que su construcción era costosa y solo estaba al alcance de familias ricas. Además las presas construidas a veces sobre el río eran enormes y difíciles de construir.

Muíños das Aceñas, en el Tamuxe. Orosal

Estos normalmente eran del tipo “maquía” ya que como decíamos antes la gentes traía sus cosechas para molerlas en estos a cambio de una parte denominada “maquía”. La buena calidad de la “moa” propiciaba una excelente molienda creando una harina muy fina y por ello su fama se extendía por toda la comarca y eran muchos los que caminaban kilómetros para su trabajo, juntándose por decenas las personas en el lugar a la espera de su uso. Además muchos usuarios de molinos de herdeiros también debían utilizar estos en épocas de poca agua y de mucho trabajo.

Tanto los de dorna como los de canle eran movidos con un mecanismo compuesto por una rueda horizontal (rodicio) o incluso vertical (bruia), siendo las primeras más habituales. Estas podían ser de de hierro, madera y hasta de piedra, construidas con viejas moas inservibles para la molienda.

Rueda vertical, “Bruia”. Couso, Ponteareas

Molino de cubo

El rodicio estaba sujeto por una gruesa viga de madera (touzo) que enganchaba con el fino “beo” y esta a su vez con la “moa” la cual giraba sobre el “” para moler. Sobre ella estaba la “moega” o “muxega” de madera con sus distintas partes y que servía para depositar el grano para después vertirlo sobre el ojo de la “moa“. Un simple dispositivo servía muchas veces para que el propio movimiento de la rueda generara vibración a la moega e ir vertiendo automáticamente el grano. la harina caía directamente sobre el suelo aunque en muchos casos se empleaba la denominada “caixa de fariña” que impedía su contacto con el suelo y una recogida más eficaz. Podían ser de madera, piedra o cemento posteriormente.

En el “tremiñado” (planta del molino) a veces veremos cerca del mecanismo una palanca de madera (Cruceta) o un pequeño volante de hierro. Esta servía para ajustar el rodicio mediante el “erguedoiro” y el “arrieiro” debido a la siempre imprecisa colocación inicial o por el desgaste de las piedras de la molienda. Existen una infinidad más de piezas y partes que las cuales intentaremos mostrar algunas pocas en las imágenes. Aún así, dependiendo de la zona y del tipo, podrían adoptar diferentes nombres.

Además de estos existía otro tipo de molino movido por las mareas y también solían ser grandes y costosas construcciones. Se aprovechaban zonas bajas inter mareales normalmente en la desembocaduras de ríos para construir una gran presa con diversas compuertas. Durante la subida de la marea permanecían abiertas y se cerraban con a nivel máximo. Durante la bajada del mar tan solo había que abrir las compuertas para que la fuerza del agua que debía volver al mar hiciera el trabajo de mover los rodicios.

Además de los molinos debemos mencionar el gran número de elementos patrimoniales que solían estar en las proximidades: Puentes, pontellas, presas, cruceiros, lavaderos, marcas de protección, petos…

Hasta aquí estas pequeñas y sencillas reseñas sobre molinos harineros hidráulicos. Si queréis profundizar mucho más existe una gran cantidad y excelente bibliografía sobre el tema que os acercarán de verdad al mundo y a la cultura generada a través de los molinos.

O inferno

Moa e rodicio

Grade de fundición en un molino de cubo

Molinos con balsa

Marca de protección

Ponte Serrapio. Puente de paso molinero

Una ceña o presa para desviar el agua hacia los molinos

El gran molino de mareas de Muros

En primer plano el “pousadoiro” para apoyar los sacos

Pontella para paso a los molinos

Molino con peto

Pé de Moa estriada

 

Con la llegada de la electricidad su uso comenzó a decaer y comenzaron las primeras grandes industrias eléctricas de molienda cerca de grandes núcleos urbanos que fueron denominadas las “molineras”. Un poco más tarde llegó el pequeño electrodoméstico que permitió el abandono progresivo del trabajo en los molinos.