El norte de Portugal nos espera

Nuestro afán de conocimiento por la historia y naturaleza de Galicia nos ha hecho comprender que Galicia es mucho más que unos límites políticos impuestos en siglos pasados. No es posible entender la evolución de la región del noroeste peninsular si no definimos los verdaderos límites históricos y culturales de Gallaecia. Esta zona peninsular tuvo su propia trayectoria, muy a menudo separada del resto por motivos geográficos y culturales. Una gran región que muchos consideraban atrasada y llena de “salvajes”… una excusa para no emprender acciones en el NO, pues su gran población y su complicada orografía sirvió como obstáculo para muchos. Había que atravesar el Duero, el Limia, el Miño, el Sil, atravesar estrechos y peligrosos valles infestados de “bárbaros” y espesas selvas. La única opción para acercarse al NO era en búsqueda de las numerosas riquezas mineras y agrícolas que mantenía.

Llegaron los romanos, los suevos, los visigodos, los árabes… Nos aportaron mucho, pero ninguno fue capaz de “convertir” a una sociedad cuya relación con la naturaleza era mucho más que la relación con unos dioses y unos jefes ajenos. Así pues, a pesar de esas invasiones en el NO permaneció una esencia  que nadie fue capaz de dominar y deshacer por completo. Incluso el cristianismo tuvo sus propias desviaciones y la devoción por predicadores locales fue incluso superior al poder papal. Es el caso de Prisciliano, condenado a muerte por supuesta herejía.

 

A Galicia muchos venían por un sentir espiritual. Guiados por la Vía Láctea se acercaban al fin del mundo desde los más remotos tiempos para ver como el mar se tragaba al sol…

Siglos después alguno aprovechó esas peregrinaciones y se inventó la historia de Santiago. Así fue como dicho culto solar pasó a ser cristianizado. Esto motivó una gran puerta de entrada de culturas provenientes del “mundo exterior”. Poco a poco el clero se estableció en el Camino y en los infinitos cultos paganos existentes hasta aquella. Aparecieron muchos monasterios con órdenes predicantes que nos traían lenguas ajenas y culturas ajenas. Además fueron estas las encargadas de “educar” a la población imponiendo lenguas y prohibiendo cultos.

 

Las luchas por el poder real entre hermanos, padres e hijos, provocó que Gallaecia se fragmentara a merced de estos señores. Unos quitaban, ponían y otros imponían. Primero los feudales abusaron en sus feudos y después solicitaron la ayuda del poder centralizador. Ya no había marcha atrás…

Alguien separó políticamente dos tierras que tenían una cultura y un sentir común: Galicia y el norte de Portugal. Después nada volvió a ser igual. Galicia sirvió de despensa, tanto para los señores de la guerra como para los depredadores de minerales y materias primas. Desde esa pasamos a formar parte de una corona y de un país del que poco teníamos en común y del que nadie nos preguntó si deseábamos pertenecer…

 

Por eso estar en el norte de Portugal es sentirse en Galicia, con sus matices, claro, pues los últimos siglos nos separaron políticamente y cada uno dependía de un estado centralizador. Aún así la esencia permanece y siempre estará ahí.

Por ello empezamos esta nueva aventura en el país vecino, más bien en el país hermano.

Nuestra primera incursión nos ha entusiasmado. Hemos visto monasterios en ruinas, espectaculares santuarios y lugares de antiguos cultos paganos que al igual que en Galicia salpican su geografía.

Pronto os descubriremos estos y pronto conoceremos muchos más, pues a primera vista el norte de Portugal es un gran tesoro que juntos tenemos que descubrir.

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